Proyecto Walking South America

Mi nombre es Francesco Magistrali, tengo 42 años y soy Italiano, tengo un Título en Movimiento Humano de la Universidad Católica de Milán. En noviembre pasado comencé un proyecto llamado “Walking South America” (Caminando por Sudamérica), una iniciativa que requirió mas o menos de 8 meses de preparación. La idea era atravesar el continente sudamericano desde el Océano Pacífico hasta el Océano Atlántico sin utilizar ningún método de transporte motorizado: caminando y haciendo kayak a través de Chile, Argentina y Uruguay. Aparte de ser un desafío personal, las metas del proyecto eran: recolectar datos e información acerca del ambiente y cambios de clima; entrevistar a la gente local sobre sus culturas y estatus sociales, y recolectar muestras de micro-plásticos de las aguas del Rio Bermejo localizado en el norte de Argentina. Esto con el apoyo de sponsors, socios mediáticos y colaboraciones científicas, siendo toda la expedición una mezcla de aventura física y mental aplicando a la vez, ciencia y antropología.

Una Breve Historia

Estaba cruzando Uruguay (segunda etapa de la expedición) a pie cuando el coronavirus Covid-19 se presentó en el país, obligándome a iniciar un confinamiento de 2 meses antes de poder encontrar un vuelo a casa. Por lo tanto, me vi en la lamentable obligación de terminar la expedición (Kayak a través del Río Bermejo se suponía que sería la tercera etapa y el final de mi viaje) Sin embargo, por lo menos pude completar la primera etapa satisfactoriamente y ahora les contaré una breve historia sobre aquello.

Despues de aterrizar en Santiago de Chile, con revueltas y desordenes sociales todavía presentes en la ciudad (y por todo el país), pude llegar eventualmente a Antofagasta. En unos pocos días conocí un montón de nuevos amigos y una gran cantidad de personas. La Doctora Morin Lang en la universidad de Antofagasta me pidió oficialmente sí podía llevar un monitor cardíaco especial durante mi solitario cruce a través del Desierto de Atacama y Los Andes (mi ruta planeada), para luego compartir los resultados con el proyecto NEXER, accedí de inmediato y eventualmente deje las costas de Antofagasta justo frente al océano.

 Comencé dirigiéndome hacia un lugar llamado La Negra donde me encontré con la Dra. Lang y un equipo de periodistas y cineastas. Después de un chequeo técnico final, una entrevista y un poco de filmaciones pude finalmente estar listo para partir. Frente a mi estaba el desierto más árido del planeta, el legendario Atacama. Caminar por tal lugar sin reabastecimiento era y es imposible, no puedes viajar solo con una mochila. La solución para este escenario fue un pequeño carro de dos ruedas hecho de aluminio que tendría que arrastrar usando como arnés solo una pequeña mochila. De esta manera me las arregle para cargar con 50 litros de agua y por lo menos 40 días de comida, más todo mi equipamiento. La primera semana seguí una carretera pavimentada que se dirige hacia una de la mas importantes compañías mineras de Chile, La Escondida. Habían cincuenta grados centígrados alrededor del mediodía, fuertes vientos y el sol golpeaba como un láser, pero la gentileza de los camioneros y su ayuda entregándome agua y snacks en el viaje fue algo que me motivo y que no esperaba que sucediera! Desde La Escondida hacia adelante, el camino como tal termina y solo quedan caminos de tierra que seguir para llegar a Paso Socompa, una paso en altura localizado entre la frontera de Chile y Argentina. Cuando llegué allí, los oficiales fronterizos de ambos lados fueron extremadamente amables, de hecho descanse un día con un pequeño grupo de militares argentinos. 

Desde ese punto solo queda el altiplano, sabía que me iba a cruzar con algunas comunidades antes de alcanzar la ciudad de Salta, pero estaba preparado para pasar cuantos días fueran necesarios sin contacto humano desde que deje la estación de policía en el Paso Socompa. No me encontré con nadie durante una semana completa desde que deje el paso, estoy acostumbrado a eso por mis expediciones pasadas, pero todo ese tiempo sin poder ver a alguien es bastante inusual para el hombre moderno. Los días eran largos, solo y en medio de la nada, nada extremo ya que seguí de forma segura las huellas bien marcadas, pero aún estaba por mi cuenta, totalmente inmerso en mi viaje interno, en un constante estado de meditación, caminando todo el día, acarreando mi pesada carga con agua, alimento y equipo. Las estrechas pendientes fueron difíciles y lentas de superar, pero estaba bien preparado, en forma y extremadamente motivado para alcanzar Salta en Argentina.

Logré llegar caminando a la ciudad exactamente en un mes desde que deje Antofagasta, tomando en cuenta unos pocos días de descanso en Socompa y algunas Villas que encontré durante la ultima parte de mi viaje. En Salta y con una sincronización perfecta, me encontré con la Dra. Lang que había viajado desde Antofagasta para que pudiera regresar el monitor cardíaco con todos los datos recogidos.

Nunca olvidaré el Desierto y los poderosos Andes. Sus lugares asombrosos y las circunstancias que dejaron una marca en mi vida.

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